Camino a la libertad

2010 - Peter Weir

Título: Camino a la libertad

Título original: The Way Back

Dirección: Peter Weir

País: Estados Unidos

Año: 2010

Fecha de estreno: 05/01/2011

Duración: 133 min

Género: Drama

Calificación: No recomendada para menores de 7 años

Reparto: Colin Farrell, Dejan Angelov, Yordan Bikov, Dragos Bucur, Sattar Dikambayev, Sally Edwards, Valentin Ganev, Igor Gnezdilov, Mariy Grigorov, Ed Harris

Guión: Peter Weir, Keith R. Clarke

Distribuidora: Aurum

Productora: National Geographic Films, Imagenation Abu Dhabi FZ, Exclusive Films, On the Road, Point Blank Productions

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La historia de los gulags

Los gulags eran complejos multinacionales, que albergaban a prisioneros tanto 'ciudadanos' (procedentes de todos los rincones de la vasta geografía del imperio soviético, que abarcaba numerosos idiomas y husos horarios) como extranjeros. El noreste de Siberia, donde están encerrados los protagonistas de la película, era el lugar más conocido. Y mortal. Las temperaturas llegan a descender por debajo de los 50 grados bajo cero.

Aunque llevaba en funcionamiento desde el siglo XIX, el remoto sistema penitenciario siberiano no se organizaría hasta más adelante en los tristemente famosos "gulags" (acrónimo de Glavnoye Upravleniye Lagere, el aparato de seguridad soviético que llevaba los campos) y, para 1910, albergaba a más de un millón de prisioneros, incluidos Lenin y Stalin. El número de campos fue aumentado considerablemente, posiblemente hasta llegar a los miles, de todos los tamaños, y las condiciones empeoraron tras la llegada al poder de los comunistas, encabezados por Lenin, Trotsky y Stalin.

Irónicamente, la 'revolución obrera' transformó las prisiones y se pasó de la simple encarcelación a convertirlas en campos de trabajos forzados. Aparte de delitos callejeros e infracciones políticas, los pecados penados con la deportación a un gulag eran numerosos y variados: ser demasiado "individualista", hacer chistes a costa de un dirigente comunista, haber estado en el extranjero, practicar cualquier religión, llegar tarde al trabajo en más de tres ocasiones... y una larga letanía de otros "crímenes", de lo absurdo a lo profano. Y no solamente sufrían los "culpables". También se castigaba a menudo a familiares, amigos o vecinos. Arrestos a altas horas de la noche, torturas, prolongadas y terribles encarcelaciones, confesiones forzadas y una ardua deportación (por ferrocarril y a pie) constituían el procedimiento habitual.

A medida que la economía de la URSS iba dependiendo cada vez más de los trabajos forzados (los reclusos se encargaban de la mayor parte de la minería del país, así como de enormes iniciativas de construcción industrial, como el Canal de Moscú-Volga) se añadían más "infracciones" a la lista de las penadas con la deportación a gulags.

Los soviéticos no eran precisamente meticulosos a la hora de mantener unos registros, por lo que las cifras exactas del número de reclusos y posteriores muertes dentro de los gulags son difíciles de calcular. Anne Applebaum, en su obra ganadora del premio Pulitzer Gulag 'Historia de los campos de concentración soviéticos' estima que se enviaron más de 18 millones de prisioneros a los gulags. Cree que fallecieron cerca de cinco millones, aunque otras fuentes citan cifras más elevadas todavía.

La Hoover Institution de Stanford, donde los realizadores obtuvieron una inestimable documentación, se encuentra en la actualidad archivando miles de expedientes del KGB hechos públicos en 1999. Se decía que la esperanza media de vida de un prisionero en un gulag era de un invierno, que se encarceló al 12% de los 195 millones de personas del país y que la burocracia del gulag era uno de los mayores creadores de puestos de trabajo de Europa.

A pesar de obras tan fundamentales como 'Archipiélago Gulag', de Solzhenitsyn, o el mencionado libro de Applebaum, y otros más recientes, como La casa de los encuentros, de Martin Amis, los horrores de los gulags soviéticos bajo el régimen estalinista y posteriores parecen haberse librado de un riguroso escrutinio contemporáneo, quizá porque la brutalidad y los índices de mortalidad parecen inconcebibles y, todavía menos, comprensibles. Por hacer una aproximación, podría decirse que el equivalente a las poblaciones combinadas de la zona metropolitana de Nueva York, Londres y París se enviaron como esclavos a trabajar, sufrir y, para muchos, morir en los gulags.

Incluso durante el mayor conflicto de la historia de la Humanidad, en el que la Unión Soviética lucha por su misma supervivencia contra las fuerzas alemanas, Stalin continuó agravando las ya de por sí abrumadoras bajas sufridas por el país en combate con diez mil arrestos semanales, que causaban aún más muertes inocentes cada mes en los gulags.

Millones de soviéticos fallecían en la guerra, millones morían de inanición o enfermedad y, aun así, incomprensiblemente, se permitía sucumbir a más millones todavía en los gulags.

El material gráfico de esta película es de sus respectivos propietarios, distribuidora Aurum y productora National Geographic Films, Imagenation Abu Dhabi FZ, Exclusive Films, On the Road, Point Blank Productions.

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