El luchador
2008 - Darren Aronofsky


Título: El luchador
Título original: The wrestler
Dirección: Darren Aronofsky
País: Francia, Estados Unidos
Año: 2008
Fecha de estreno: 20/02/2009
Duración: 111 min.
Género: Drama, Deporte
Reparto: Mickey Rourke, Marisa Tomei, Evan Rachel Wood, Mark Margolis, Todd Barry, Wass Stevens, Judah Friedlander, Ernest Miller, Dylan Keith Summers, Tommy Farra
Web: www.widepictures.es/elluchador
Distribuidora: Wide Pictures
Productora: Wild Bunch, Saturn Films, Protozoa Pictures, Sessions Payroll Management




Comentarios del director Darren Aronofsky



Con El luchador (The wrestler), Darren Aronofsky emprende un nuevo rumbo con este drama descarnado, áspero, directo, e intensamente emotivo. Aunque Aronofsky no ha sido nunca un fanático de la lucha libre, sí recuerda haber ido de niño a ver el enfrentamiento entre Hulk Hogan y Tony Atla en el Madison Square Garden. Desde entonces, siempre le ha intrigado la cuestión de cómo debía ser realmente vivir en ese mundo.
«La idea de realizar una película acerca de un luchador llevaba dando vueltas en mi cabeza desde hacía seis o siete años» -explica Aronofsky-. «Comencé a desarrollar algunas ideas con el productor Scott Franklin, de quien descubrí que de pequeño era mucho más aficionado a la lucha libre de lo que yo era y sabía algo sobre el tema. Y cuanto más indagábamos en aquel mundo, más interesante se iba mostrando. Más tarde conocí al gran escritor Robert Siegel, y le hablé de la idea, que pilló al instante. Los tres empleamos los tres siguientes años desarrollando juntos la historia que se ha convertido en la película resultante.»
Así se creó el personaje de Randy "el Carnero" Robinson, un hombre atrapado en una cultura donde la disponibilidad de héroes populares es algo que todo el mundo acepta como verdad absoluta. Uno obtiene sus quince minutos de fama y entonces, antes de que te des cuenta, la gente se gira para vitorear a alguien más joven, más fuerte, más llamativo, e incluso más loco que tu. Sin embargo, el deseo de ser amado, de ser adorado, de ser el vencedor mítico, aunque sea por esos pocos excitantes minutos que has estado en el escenario, jamás se va ya. En el caso de Randy, lo que le empuja adelante con la mayor de las intensidades es recuperar esa sensación heroica, con el único combustible de una absoluta fuerza de voluntad, puesto que su cuerpo hace tiempo que dejó su mejor momento.
El guión resultante de Siegel era, superficialmente, la fábula arquetípica de un héroe del deporte pisoteado en busca de un último triunfo, pero por debajo, en lo más esencial de la historia, está una dura y escabrosa parábola a lo Hemingway acerca de la lucha por el honor, la dignidad y el amor entre hombres y mujeres en el lado de la vida más despiadado.
El luchador (The wrestler) tiene elementos de film deportivo, pero siempre la he entendido como un drama humano, mucho más en la línea del retrato íntimo de una vida» -comenta Aronofsky-. «No hace falta ser un seguidor de la lucha libre para disfrutar el film. Habla de una persona cualquiera que un buen día se despierta y se da cuenta de que ya no puede hacer lo que llevaba haciendo habitualmente, las cosas que le importaban. Se trata de ese momento en la vida que mucha gente afronta.»
Desde el principio, Aronofsky también entendió la historia con algo de humor. Desde la extravagancia de unos personajes excesivos y unas técnicas creativamente chocantes, en el ámbito de la lucha libre, hasta la actitud irreverente del mismísimo Randy, particularmente cuando asume un puesto de trabajo tras el mostrador de una tienda de delicatessen para poder llegar a fin de mes, todo ello era una ocasión que aprovechar por parte del director para apuntar a otra dirección distinta, donde explorar no sólo los placeres cómicos de la lucha libre sino las extrañas y oscuras absurdidades de la vida corriente.
A medida que la historia evolucionaba y el equipo penetraba en el mundo secreto de la lucha libre profesional, al mismo tiempo también se iba hacienda claro que la lucha libre en sí misma, con su centro de atención en la vulnerabilidad y resistencia de los cuerpos, en el sufrimiento in extremis, en la representación del bien contra el mal, era un agitado escenario metafórico para la historia de un hombre tremendamente desesperado a nivel personal.
Aronofsky, Siegel y Franklin no estaban interesados en abordar una aproximación académica sino humanística, centrándose en un luchador y reduciéndolo al sentimiento universal de anhelo y supervivencia que reside dentro de todos nosotros. Pero para realizar eso, eran conscientes de que primero debían sumergirse ellos mismos en el mundo actual de la lucha libre para observar cómo un hombre absorbido plenamente por el mismo lo experimentaría, particularmente un profesional en las postrimerías de una carrera moderadamente ilustre que ya no le es posible mantener. Así las cosas, se inició para el equipo un intenso periodo de investigación.
«Nos encontramos con muchos antiguos profesionales de la lucha libre y asistimos a muchos eventos de lucha libre independiente» -recuerda Franklin-. «Y observamos que todos esos tipos mantienen una auténtica camaradería, una hermandad y un código por los que regirse. Incluso antiguas estrellas de grandes federaciones nos explicarían historias de cómo, en la carretera, recogían a cuatro gigantes en un coche, compartían el dinero de la gasolina y las habitaciones de hotel, donde esos gigantes pernoctaban en el suelo. Es un mundo distinto a aquel glamosoro que vemos en la televisión, y muy unido.»
El trío experimentó verdadera curiosidad por el lenguaje secreto y el código de honor de los luchadores. «Usan un lenguaje parecido al de los feriantes; por ejemplo, hablan del público como 'marks,' (admiradores incondicionales que granjearse) destaca Aronofsky. Muchos términos de lucha libre, como 'técnico' o 'rudo,' que respectivamente se refieren al tipo bueno y al villano en un combate, se introdujeron en la confección del guión.
Franklin añade: «Su modo de comunicarse sólo es una parte de su camaradería y del modo que tienen de protegerse mutuamente. En el ring, de modo distinto a cualquier otro deporte, procuran siempre cuidar a sus oponentes y de inflingirse la mayor parte del daño en ellos mismos, lo que quisimos mostrar en la pantalla.»
Acaso el mayor desafío consistía sencillamente en ganarse la confianza de un mundo tan celosamente guardado. «El mundo de la lucha libre se protege mucho ante los que pretendan entrar» -subraya Franklin-. «En un primer momento, muchos luchadores se mostraban muy fríos y distantes, con la mirada clavada en nosotros, atentos a cuanto estábamos tratando de hacer. Tuvimos que convencerles de que en modo alguno queríamos aprovecharnos de ellos, sino que todo cuanto queríamos era crear un honesto trozo de vida enmarcado en el escenario del mundo de la lucha libre.»
Finalmente, eso es exactamente lo que el equipo de filmación fue capaz de hacer. Sin embargo, cuando comenzaron a formar el reparto, las cosas giraron hacia una emocionante dirección de mayor envergadura que cambió de arriba abajo todo cuanto el equipo había pensado acerca de Randy "el Carnero" Robinson.
«Cuando Mickey Rourke subió a bordo del proyecto, cambió el personaje completamente para llevarlo a su propio terreno» -explica Aronofsky-. «Abordó al personaje y le insufló en el interior su propia vida.»




El material gráfico de esta película es de sus respectivos propietarios, distribuidora Wide Pictures y productora Wild Bunch, Saturn Films, Protozoa Pictures, Sessions Payroll Management.








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