La duda (Doubt)
2008 - John Patrick Shanley


Título: La duda (Doubt)
Título original: Doubt
Dirección: John Patrick Shanley
País: Estados Unidos
Año: 2008
Fecha de estreno: 30/01/2009
Duración: 104 min.
Género: Drama, Intriga
Reparto: Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams, Viola Davis, Alice Drummond, Audrie J. Neenan, Susan Blommaert, Carrie Preston, John Costelloe, Lloyd Clay Brown
Guión: John Patrick Shanley
Web: www.doubt-themovie.com
Productora: Scott Rudin Productions, Goodspeed Productions




Curiosidades del rodaje



Al llevar La duda a la gran pantalla, John Patrick Shanley va mucho más allá del estereotipo de la escuela parroquial de monjas y nos muestra unas mujeres excepcionales y tremendamente humanas que han elegido la vida consagrada para dedicarse al amor, la compasión, la oración y el servicio a los demás.
Para ello, contó con la inestimable ayuda de las Hermanas de la Caridad que le educaron en St. Anthony's. Muchas compartieron sus propias experiencias sobre lo que las llevó a hacer voto de pobreza, castidad y obediencia, y cómo era la vida en el convento y en la escuela parroquial.
Entonces, como ahora, las vidas de las monjas estaban dedicadas a una incesante búsqueda de Dios a la vez que servían a los pobres y a los necesitados. Para esas Hermanas, elegir ser monja en un convento era muy diferente a lo que hacían las demás chicas de su entorno y a veces su familia y amigos no entendían su elección. "Sentí que estaba respondiendo a una llamada personal. Sabía que era lo que Dios quería", dice la Hermana Irene Fugazi, que es Hermana de la Caridad desde hace 71 años. "Resultaba difícil explicárselo a los demás. Al final, mi padre accedió aunque le costó mucho. Me dijo que lo dejaría en tres semanas.. . Por supuesto se equivocó y acabó admitiéndolo años más tarde".
La vida de las monjas de entonces era más sencilla, estricta y aislada de lo que es hoy en día. Seguían un programa rígido que empezaba al alba cuando les despertaba una campana para asistir a las oraciones de la mañana, a lo que seguía un tiempo de meditación en absoluto silencio. Después de la misa de las 7 de la mañana, las monjas desayunaban en silencio antes de empezar las clases. La Hermana Peggy recuerda que tras terminar las tareas del día, cenaban. "Después hacíamos turnos para lavar los platos y volvíamos a rezar", comenta. "Tocaban un timbre que indicaba que debía haber silencio a las 8:10 de la noche, y a las 9 tenían que apagar la luz, aunque recuerdo que yo tenía una linterna escondida para poder leer".
En aquellos tiempos, las monjas estaban bastante apartadas del mundo y también de sus familias. Cuando tenían que abandonar el claustro, para ir al médico por ejemplo, siempre iban acompañadas. "Era bastante austero", recuerda la Hermana Peggy. "No podíamos beber alcohol ni ir a fiestas. Nos permitían ir a funerales pero no a bodas. Eran muy estrictos sobre eso. No pude asistir a la boda de mi hermano lo que fue bastante triste para mí. Pero lo aceptas porque sabes que esa es la vida que has elegido".
Fuera de las aulas, el silencio era una forma de vida, una forma de estar cerca de Dios. "Solíamos estar en silencio a no ser que la Hermana que estuviera a cargo tuviera clemencia o quisiera contarnos algo", recuerda la Hermana Fugazi.
Dentro de las aulas estas mujeres estaban dedicadas a su trabajo, y tenían que enfrentarse a clases de 42 alumnos o más. La Hermana Fugazi cuenta: "Me encanta enseñar y amo a los niños. Si querías que aprendieran tenía que haber orden. Y aprendías a mantener el orden. Mis alumnos sabían que les quería, incluso los más traviesos. Solía salir a la hora de comer para enseñarles a jugar al baloncesto o al hockey".
En 1964, año en que se sitúa la película, las Hermanas eran plenamente conscientes de los cambios que estaban sucediendo en la Iglesia, cambios que no siempre eran del agrado de las monjas de más edad, pero que sí eran bienvenidos por las más jóvenes. La liberalización que siguió al Concilio Vaticano II les otorgó más libertad y un mayor contacto con el mundo. La vida en el convento fue volviéndose menos estricta. Se les permitió sacarse el carné de conducir, votar, y se volvieron como dice el padre Flynn, "más simpáticas". "Creo que el Vaticano II nos ha ayudado en las relaciones con los seglares. Ahora entiendo mejor a las familias de mis estudiantes",continúa la Hermana Peggy.
Aun así, la mayoría de las monjas abordaron los cambios de forma cautelosa. No querían abandonar la rigurosa espiritualidad ni modificar la forma en que se consagraban a Dios, es decir lo que les llevó a elegir ese camino. Rita King, Hermana de la Caridad desde 1948 cuenta: "He vivido muchos cambios. Y cuando hay cambios, siempre hay gente que quiere quedarse atrás y otra que quiere avanzar... yo siempre he intentado mantenerme en una posición intermedia". "A veces desearía que alguien tocara un timbre y nos hiciera callar", añade la Hermana Peggy, "porque siempre hay ruido con los teléfonos, con la gente va y viene, y tenemos que buscar de algún modo la paz".
La desaparición del hábito tampoco fue bien aceptada por todas. La hermana Fugazi comenta: "Recuerdo que cuando era joven estaba muy orgullosa de llevar el hábito. Era una gran alegría formar parte de una comunidad en la que todas teníamos el mismo objetivo. Una vez que nos desprendimos del hábito, las cosas cambiaron aunque no por eso dejamos de ser felices".
La Iglesia cambió al igual que la sociedad, y más visiblemente, cambiaron los niños a las que las monjas daban clase. Hoy en día, las Hermanas coinciden en que los niños viven una realidad completamente nueva. "Son muy distintos, más habladores y sofisticados", dice la Hermana Fugazi. "Decir que son diferentes no quiere decir que no sean igual de buenos o de interesantes. Viven en un mundo muy distinto al de los 60. Ahora van todo el día con los auriculares puestos".
Los elementos esenciales de la vida de las monjas (expresar su amor por Dios a través de la enseñanza y el cuidado de niños de barrios conflictivos) continúan siendo los mismos. "Han cambiado las vidas de los jóvenes, pero no sus necesidades", añade la hermana Peggy. "Siguen necesitando el apoyo y el respaldo de los adultos y los profesores. Cuentan con nosotros y eso es algo que no ha cambiado".




El material gráfico de esta película es de sus respectivos propietarios, productora Scott Rudin Productions, Goodspeed Productions.








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